Las autoridades francesas confirmaron este domingo que los restos óseos localizados el pasado jueves en un campo agrícola de Mailhoc pertenecen a Delphine Jubillar, la enfermera de 33 años cuya desaparición mantuvo en vilo al país durante cinco años. El Instituto de Investigación Criminal de la Gendarmería Nacional (IRCGN) logró acreditar que dos fémures encontrados en esa zona corresponden al ADN de la joven. Este hallazgo se produce tras la confesión reciente del esposo de la víctima, Cédric Jubillar, quien reveló la ubicación exacta donde enterró el cuerpo a poca profundidad.
La resolución judicial basada en evidencias circunstanciales
Cédric Jubillar, un pintor de la construcción de 39 años, se encontraba cumpliendo una condena de 30 años de prisión dictada en octubre de 2025. Esta sentencia fue considerada un hito judicial en Francia, dado que es extremadamente inusual alcanzar un veredicto de culpabilidad por asesinato sin la presencia del cadáver. El jurado, compuesto por civiles y magistrados, alcanzó su convicción basándose en pruebas circunstanciales sólidas: el hallazgo de las gafas rotas de Delphine en la sala de estar, la orientación inusual del automóvil familiar estacionado en la calle y la ausencia de registros telefónicos durante la madrugada de diciembre de 2020.
El testimonio clave que cerró el cerco
A pesar de negar su implicación e incluso participar en las búsquedas iniciales, Cédric envió una carta manuscrita a sus abogados admitiendo la autoría del crimen. En ella describió los hechos como un arrebato emocional surgido de una atmósfera tóxica en el matrimonio, que estaba en proceso de separación debido a la relación de Delphine con otro hombre. Uno de los pilares fundamentales para cerrar el caso fue el testimonio de su hijo mayor, Louis, quien escuchó una fuerte discusión entre sus padres la noche del crimen.
El fin de las especulaciones y el inicio del duelo
Además, resultó determinante la declaración de Nadine Fabre, madre de Cédric, quien reveló ante la justicia que su hijo le había manifestado semanas antes sus intenciones: "Ya basta. Voy a matarla y enterrarla, y nunca la encontrarán". Los peritajes psicológicos previos describieron al condenado como un individuo irresponsable con escasa preocupación por el destino de los padres de sus dos hijos. Con la identificación oficial en Mailhoc, se pone fin a las especulaciones de investigadores aficionados en redes sociales y permite que la familia inicie formalmente el proceso de duelo.