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¿Cómo enfrenta el Perú la creciente incertidumbre de la economía mundial en la era Trump?

¿Cómo enfrenta el Perú la creciente incertidumbre de la economía mundial en la era Trump?

Las tensiones comerciales globales, el proteccionismo estadounidense y el realineamiento geopolítico plantean desafíos y oportunidades para la economía peruana

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La economía mundial atraviesa una etapa de incertidumbre que no se registraba desde hace varias décadas. Las decisiones erráticas de Donald Trump —sus idas y venidas arancelarias, su alejamiento de aliados tradicionales como Canadá y Europa, y su acercamiento táctico a China y Rusia— han reconfigurado el tablero geopolítico internacional con una velocidad que pocos analistas anticiparon. En este contexto, el Perú, una economía pequeña pero abierta y altamente dependiente del comercio exterior, se encuentra en una encrucijada que exige análisis profundo y respuestas estratégicas.

El nuevo orden comercial: proteccionismo y fragmentación global

El regreso de Trump a la Casa Blanca ha significado la intensificación de políticas proteccionistas que amenazan con fragmentar el sistema de comercio multilateral construido durante las últimas siete décadas. La imposición de aranceles elevados a productos provenientes de China, la Unión Europea, México y Canadá ha generado represalias cruzadas y un clima de desconfianza que afecta las cadenas globales de suministro.

Lo particularmente inquietante de esta coyuntura es la imprevisibilidad. A diferencia de disputas comerciales anteriores, donde las tensiones seguían cierta lógica negociadora, las decisiones de la administración Trump parecen responder a cálculos políticos internos más que a una estrategia económica coherente. Esta volatilidad genera un efecto paralizante sobre la inversión global, ya que las empresas postergan decisiones de largo plazo ante la imposibilidad de calcular costos futuros.

El Fondo Monetario Internacional ha revisado a la baja sus proyecciones de crecimiento mundial para 2025, situándolas por debajo del 3%, mientras que la Organización Mundial del Comercio advierte que el volumen del comercio global podría contraerse si las tensiones escalan. Para una economía como la peruana, donde las exportaciones representan aproximadamente el 25% del PBI, estas señales no pueden ser ignoradas.

El Perú en el tablero: vulnerabilidades y fortalezas estructurales

La posición del Perú frente a este escenario es ambivalente. Por un lado, la economía peruana presenta vulnerabilidades evidentes: su alta dependencia de la exportación de materias primas —especialmente cobre, oro y zinc— la hace sensible a las fluctuaciones de precios internacionales que inevitablemente acompañan a las guerras comerciales. China, principal destino de las exportaciones peruanas de minerales, podría reducir su demanda si su propia economía se desacelera como consecuencia de las fricciones con Estados Unidos.

Sin embargo, paradójicamente, el realineamiento geopolítico también podría favorecer al Perú en ciertos frentes. El distanciamiento entre Washington y Pekín ha llevado a China a diversificar sus fuentes de suministro de materias primas, fortaleciendo sus lazos con América Latina. La reciente inauguración del megapuerto de Chancay, operado por la empresa china Cosco Shipping, es un ejemplo tangible de esta tendencia: Perú se posiciona como un hub logístico clave para el comercio transpacífico.

Además, el precio del oro —activo refugio por excelencia en tiempos de incertidumbre— ha alcanzado máximos históricos, superando los 3,000 dólares por onza en los primeros meses de 2025. Para el Perú, uno de los principales productores auríferos del mundo, esto representa un ingreso extraordinario que podría amortiguar el impacto de una eventual desaceleración en otros sectores.

La política económica interna: entre la prudencia macroeconómica y la parálisis institucional

Uno de los activos más valiosos del Perú en este contexto es su solidez macroeconómica. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ha mantenido una política monetaria prudente, con reservas internacionales que superan los 75,000 millones de dólares y un nivel de deuda pública que, cercano al 33% del PBI, sigue siendo bajo en comparación con la mayoría de países de la región. Esta disciplina fiscal y monetaria otorga márgenes de maniobra que otros países latinoamericanos simplemente no tienen.

No obstante, la fortaleza macroeconómica contrasta dramáticamente con la debilidad institucional y política. La inestabilidad crónica del gobierno, la fragmentación del Congreso y la ausencia de una agenda de reformas estructurales generan un vacío estratégico preocupante. Mientras otros países de la región —como Chile o Colombia— diseñan activamente políticas para diversificar sus mercados de exportación y atraer inversión en sectores de alta tecnología, el Perú parece navegar por inercia.

La paradoja peruana radica en que posee los fundamentos macroeconómicos para resistir la tormenta global, pero carece de la voluntad política e institucional para convertir la crisis en oportunidad.

La diversificación productiva sigue siendo una asignatura pendiente. La agroindustria ha mostrado un dinamismo notable en la última década, con exportaciones de arándanos, uvas y paltas que han conquistado mercados internacionales. Sin embargo, estos avances son insuficientes para reducir significativamente la dependencia minera y, sobre todo, no responden a una política de Estado sino a iniciativas privadas puntuales.

¿Qué debería hacer el Perú ante este escenario?

Los expertos coinciden en que el Perú necesita una estrategia proactiva que contemple al menos tres ejes fundamentales. Primero, acelerar la diversificación de mercados de destino, aprovechando los tratados de libre comercio vigentes con más de 50 economías. Segundo, fortalecer la inversión en infraestructura —el puerto de Chancay es un buen inicio, pero se necesitan corredores logísticos que integren la sierra y la selva al circuito exportador—. Tercero, mejorar sustancialmente el clima de inversión doméstico, reduciendo la burocracia y brindando certidumbre jurídica.

La incertidumbre global no es una amenaza abstracta: ya se refleja en la cautela de los inversionistas y en la volatilidad del tipo de cambio. El Perú tiene las herramientas para resistir; la pregunta es si tendrá la lucidez política para actuar antes de que la ventana de oportunidad se cierre. La historia económica enseña que los países que mejor aprovechan las crisis son aquellos que las anticipan con reformas, no los que esperan pasivamente a que la tormenta pase.