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¿Quiénes lideran la carrera presidencial en Perú y por qué la mayoría de electores aún no decide su voto?

¿Quiénes lideran la carrera presidencial en Perú y por qué la mayoría de electores aún no decide su voto?

Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga encabezan las encuestas con cifras modestas, mientras la indecisión masiva refleja una profunda crisis de representación política

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A poco más de un mes de las elecciones presidenciales del 13 de abril de 2025, el panorama electoral peruano se caracteriza por una paradoja reveladora: dos candidatos de derecha lideran las encuestas, pero con porcentajes tan modestos que la verdadera protagonista de esta contienda es la indecisión generalizada del electorado. La fragmentación política y el desencanto ciudadano configuran un escenario de incertidumbre que podría deparar sorpresas en las urnas.

Fujimori y López Aliaga: un liderazgo frágil en las preferencias

Según las encuestas más recientes reportadas por Reuters, Keiko Fujimori —hija del expresidente Alberto Fujimori, fallecido en septiembre de 2024 tras años de controversia judicial— y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y líder del partido Renovación Popular, se posicionan como los dos candidatos con mayor intención de voto. Sin embargo, sus cifras distan mucho de ser contundentes.

Keiko Fujimori, quien participa por cuarta vez en una contienda presidencial tras sus derrotas en 2011, 2016 y 2021, arrastra tanto un núcleo duro de seguidores como un elevado rechazo. Su figura está indisolublemente ligada al legado de su padre, cuyo gobierno (1990-2000) dejó una huella ambivalente: combatió el terrorismo y la hiperinflación, pero también instauró un régimen autoritario marcado por violaciones a los derechos humanos y corrupción sistemática.

López Aliaga, por su parte, representa un conservadurismo religioso y económico que ha encontrado resonancia en sectores empresariales y evangélicos. Su gestión al frente de la Municipalidad de Lima le proporcionó una plataforma de visibilidad nacional, aunque también acumuló críticas por su estilo polarizante y sus declaraciones controversiales.

La indecisión como síntoma de una crisis estructural

El dato más significativo de las encuestas no es quién lidera, sino cuántos peruanos aún no han decidido su voto. La mayoría del electorado se declara indeciso, un fenómeno que no es nuevo en la política peruana pero que alcanza dimensiones particularmente alarmantes en este ciclo electoral.

Esta indecisión masiva no debe interpretarse como simple apatía. Es, más bien, la manifestación de una crisis de representación política que se ha profundizado dramáticamente en los últimos años. Perú ha tenido seis presidentes en cinco años, ha atravesado múltiples crisis institucionales, y la aprobación del Congreso y del Ejecutivo se ha mantenido en niveles históricamente bajos.

En un país donde la confianza en las instituciones políticas se ha erosionado hasta niveles críticos, la indecisión electoral no refleja desinterés sino la ausencia de opciones que conecten genuinamente con las demandas ciudadanas.

El voto obligatorio en Perú garantiza una participación formal alta, pero no resuelve el problema de fondo: millones de ciudadanos acudirán a las urnas sin convicción, eligiendo lo que perciben como el "mal menor" o decidiendo su voto en los últimos días, lo que históricamente ha generado resultados impredecibles.

El giro a la derecha y la fragmentación del espectro político

Que los dos candidatos punteros provengan del espectro de derecha no es casualidad. Tras la traumática experiencia del gobierno de Pedro Castillo (2021-2022) —un presidente de izquierda rural que terminó destituido y encarcelado tras intentar un autogolpe de Estado—, el péndulo político peruano parece haberse inclinado hacia posiciones conservadoras.

La izquierda peruana llega a estas elecciones profundamente fragmentada y desacreditada. El legado de Castillo, sumado a las divisiones internas de los movimientos progresistas, ha dejado un vacío que ningún candidato de ese sector ha logrado llenar con credibilidad. Las opciones de centro, por su parte, carecen de figuras con suficiente arraigo popular.

No obstante, la fragmentación no es exclusiva de la izquierda. El propio campo de la derecha presenta múltiples candidaturas que compiten entre sí, lo que diluye el voto conservador y hace altamente probable un escenario de segunda vuelta donde las alianzas y reagrupamientos serán determinantes.

Los desafíos que definen la agenda electoral

Más allá de las personalidades, la campaña se desarrolla en un contexto de desafíos urgentes. La inseguridad ciudadana se ha convertido en la principal preocupación del electorado, con índices de criminalidad y extorsión que han escalado significativamente en los últimos años, particularmente en Lima y las ciudades del norte del país.

La economía, tradicionalmente la fortaleza relativa de Perú en la región gracias a su sector minero, enfrenta un crecimiento moderado y una informalidad laboral que supera el 70%. La corrupción institucional, la crisis del sistema de salud y las brechas educativas completan un cuadro de demandas acumuladas que ningún candidato parece abordar con propuestas integrales.

Con semanas por delante y un electorado mayoritariamente sin definir, la carrera presidencial peruana de 2025 permanece abierta. Las encuestas capturan una fotografía momentánea, pero en un país donde los resultados electorales han desafiado sistemáticamente las predicciones, la única certeza es la incertidumbre.